El Arte y la Ciencia

Alguien me preguntó, hace ya mucho tiempo cómo conciliaba mi interés por la ciencia, en particular las matemáticas o la química, con mi vocación por el arte, siendo éstas, disciplinas que  parecen ser tan disímiles. A pesar de tener intuitivamente la certeza de que sí había una  afinidad profunda entre ciencia y arte no supe dar una respuesta con la coherencia que hubiese deseado.

Esta vez intentaré dar una respuesta de manera algo más satisfactoria.

Por que arte y ciencia contrariamente a nuestra primera impresión, que nos lleva a calificarlas como actividades muy dispares, están mucho más cerca de lo que solemos creer.

Tal parece que es a finales de la Edad Media cuando este vínculo entre arte y ciencia se hace más evidente en nuestra cultura occidental. Cuando la manera de representar la realidad arquitectónica cambia y comienza a desarrollarse intuitivamente la perspectiva, lo que  permite representar en una superficie lo que observamos en el espacio valiéndose de conceptos como punto, línea y plano, originados en la geometría compilada por Euclides en Alejandría, en su tratado “Los Elementos”.

En esta época surgen figuras como Fra Angélico quien crea planos de profundidades usando una perspectiva lineal; el pintor Masaccio consigue dar una sensación de profundidad a sus obras con el uso de la perspectiva científica desarrollada por el arquitecto y matemático Brunelleschi quien, con la ayuda de instrumentos ópticos realizó estudios que le permitieron descubrir los principios geométricos de la perspectiva cónica.

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Es en el Quatroccento (siglo XV) con el pintor, geómetra y matemático Piero della Francesca que la perspectiva pasa a ser una teoría matemática. Della Francesca también fue el primer pintor en realizar estudios científicos de la luz en la pintura.

Posteriormente Leonardo Da Vinci, científico, pintor, arquitecto, nos aporta la perspectiva del color, difuminando los colores conforme aumenta la distancia  e introduce también  la  perspectiva menguante donde los objetos van perdiendo nitidez a medida que se alejan.

Es evidente entonces la estrecha relación entre el arte y la geometría y en general con las matemáticas. La retroalimentación existente entre estas disciplinas aparentemente disímiles se hace obvia, el arte con la curiosidad y el afán por representar la realidad observada de la manera más exacta posible, dando impulso al espíritu científico para que con la rigurosidad metodológica que le es inherente proporcione en respuesta las claves que las artes necesitan.

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La química ha estado indisolublemente ligada al arte desde siempre, es la que hace posible casi todos los procesos artísticos, el yeso o el cemento y la infinidad de materias sintéticas que ocupamos en la escultura, los pigmentos, el papel, el tratamiento de las telas o de la madera en la pintura o la fotografía por dar algunos ejemplos.

Pensemos en los maestros antiguos realizando un trabajo de alquimistas, buscando la perfección y el perfeccionarse a sí mismos, coleccionando tierras, pigmentos minerales pulverizados, polvo de materias orgánicas los que mezclaban con agua, con ceras o aceites, con destilados alcohólicos y solventes, observando y anotando fórmulas que daban cuenta del comportamiento de las distintas mezclas al secarse el solvente o aglutinante por oxidación o evaporación. No hay duda de que el arte y la química se han desarrollado en una relación recíproca.

La estrecha unión de la biología y el arte queda manifiesta en el estudio de las proporciones de las formas naturales, en particular la figura humana con los cánones desarrollados por los egipcios, posteriormente por los griegos y luego los renacentistas.

Conocidos son los estudios anatómicos del cuerpo humano realizados por Da Vinci, representados en “El Hombre de Vitruvio” y en los bosquejos de enorme valor artístico y científico que nos legara.

Con respecto a las proporciones de las formas en la naturaleza es innegable la vinculación entre el arte y las matemáticas en el canon que no es otra cosa que la relación armónica perfecta o ideal entre una parte y el todo, que existe en el cuerpo humano. Si bien el canon es un concepto que se refiere al cuerpo humano, esta relación de proporcionalidad es válida también para todas las formas de la naturaleza. Esto se traduce en fórmulas matemáticas que nos llevan a lo que conocemos como “proporción

Aurea”, que relacionamos con la serie de Fibonacci y el número “Phi” (φ).

Más adelante en el tiempo surgen otras relaciones entre el arte y la ciencia, con el Impresionismo por ejemplo, donde lo que importa es atrapar la luz y la impresión que nos dejan las formas, esta vez entran a tallar conceptos como la teoría del color y disciplinas científicas como la óptica. Los colores ya no se mezclan en la paleta o en la tela, esto se produce en el cerebro de quien observa la obra de arte desde cierta distancia. Se comprende la relatividad de los colores, dependiendo de los otros que le rodean. La pincelada se hace importante, lo que derivaría después en el Puntillismo, donde la óptica, los cálculos y el vínculo físico serían fundamentales al momento de ocupar sólo colores primarios para desarrollar diferentes juegos cromáticos que, como en el Impresionismo será el ojo del espectador el que realizará la fusión cromática.

Grandes exponentes de estos movimientos fueron Monet, Manet, Renoir, Degas, Van Gogh entre muchos otros, siendo Seurat el iniciador del Puntillismo.

Eugene Delacroix decía: “puedo pintar la piel de Venus con barro si me dejas rodearla a mi antojo” revelando una profunda comprensión del aspecto científico de la teoría del color.

Fue el Postimpresionista Cezanne quien se interesa por la simplificación de las formas en su esencia geométrica, él manifiesta que todo en la naturaleza se modela según la esfera, el cono o el cilindro, conceptos que serviran de puente al Cubismo que desarrollara Picasso, siendo éste su más connotado exponente.

Ineludible es también hablar del trabajo que desarrollara M.C. Escher, genio del surrealismo neerlandés del siglo XX quien va más allá de los límites que le impone la geometría euclidiana con sus sorprendentes litografías, las que dan cuenta de otros conceptos matemáticos, otros mundos, que forman parte de otras geometrías de alto vuelo como las de Riemann y Lobachevski (aunque él afirmaba no tener grandes nociones de matemáticas) donde el espacio ya no está representado por un cubo que da cuenta del “arriba”, el “abajo” y la profundidad en un sistema cartesiano sino que se trata de curvas elípticas o hiperbólicas representadas por esferas o cilindros donde nuestro concepto de espacio se ve profundamente trastocado.

En resumen, hablar de Escher es hablar también de Penrose y de triángulos y escaleras imposibles, de Moebius y su cinta, del disco de Poincaré y las teselaciones, de la división regular del plano – herencia del arte árabe, de figuras platónicas y mundos extraños pero explicables matemáticamente.

Se puede, sin duda, comenzar hablando del trabajo de Escher y terminar con la teoría de la relatividad de Einstein y la dimensión espacio-tiempo. Otra muestra de esta simbiosis arte-ciencia.

Más comprensible nos puede resultar la vinculación de arte y ciencia al ver el trabajo de Victor Vasarely, artista del siglo XX, considerado el iniciador del Op-Art o Arte Óptico donde hace gran uso de los “trucos” de la perspectiva y del color para mostrarnos figuras geométricas compuestas de rombos, círculos, cubos o triángulos con efectos ópticos de movimiento o ambigüedad de formas y perspectivas.

Las obras del argentino Julio Le-Parc y de Matilde Pérez, chilena, son también ejemplos magníficos del Arte Óptico y Arte Cinético que vienen a resumir la relación profunda entre el arte y las ciencias aunque algunos, o talvez muchos de estos conceptos el artista los aplique de manera inconsciente.

En conclusión, arte y ciencia van de la mano, por el mismo camino, en el mismo sentido y en absoluto complemento. En ocasiones es el arte el que muestra el camino de manera intuitiva y a la ciencia le corresponde darle sustento racional, o en otras el intelecto científico nos lleva por sendas insospechadas que el arte luego logra interpretar de manera estética.

 

J.Van de Perre

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